Colombianos emprendedores somos todos

El que tiene tienda que la atienda como colombianos emprendedores

De comprador a vendedor hemos cruzado miradas y sabemos que enganchar cuesta, aunque a los colombianos emprendedores nada los ataja. ¿Cuál es el secreto?

Embarcarse en cualquier nueva travesía es, cuando menos, retador. Todo cambio supone nervios y valentía, solo enfrentarse a una hoja de papel en blanco para llenarla con palabras estremece. Ahora piense usted lo que supone lanzarse al mercado con una idea propia. Dicen que los colombianos somos berracos[1], y pocas dudas caben de tal acusación. De las vicisitudes sacamos una oportunidad para recomponernos. Eso ha llevado a que la capacidad inventiva de nuestro pueblo sea imparable, y que un adjetivo que nos caracteriza sea el de colombianos emprendedores.

¿Por qué tan buenos trabajadores y empresarios colombianos?

Ser hijo de un país en el que se debe probar constantemente el talento ha llevado a impulsar la creatividad. Las condiciones laborales precarias, asociadas a las aspiraciones de vida digna, han sido el motor principal de creación de empresas, aunque no se queda ahí. A eso se le suman otros factores, como el desplazamiento interno y la migración, más la sombra de un pasado violento conocido en el exterior. Todo eso nos ha llevado a probar que el talento colombiano tiene una riqueza más allá de lo ilícito. 

Dicho lo que nos interesa desmentir, salta a la vista que la demanda del mercado excede la oferta en muchos contextos, y que el colombiano por excelencia sabe que “a papaya puesta, papaya partida”. No dejamos pasar la oportunidad que se nos ofrece, y si detectamos que a alguien le falta un servicio por el que pagaría o un producto que le gustaría tener lo ofrecemos o lo inventamos. 

Nos incomoda la mala atención. Sabemos la diferencia entre un negocio que prospera y uno que decae tiene mucho que ver con la cordialidad de sus vendedores. Los colombianos emprendedores, así como la cara con la que miran a los nativos y foráneos están basados en lo que más nos caracteriza: la acogida de nuestro pueblo. Por eso preferimos comprar verdura en la plaza que en el supermercado. De la misma manera que elegimos la tienda de la esquina porque nos da el calor humano que las grandes superficies desconocen.  

La diferencia entre que compre colombiano y cualquier otra proveniencia es que aquí la exclusividad está asociada a la hospitalidad. Tanto sentarse en cualquier local como ser atendido por un colombiano es ser recibido con la calidez del trópico, lo de calidosos es innato y lo hemos llevado de nuestro ser a los productos. Puede comprobarlo en el empeño y la dedicación con la que se ha puesto en marcha Bogotá Chirriada.

¿Para qué negocios nuevos?

La necesidad de que tanto servicios como productos se mantenga en crecimiento es el aval de mejora en ellos. Ante la creación y posicionamiento de nuevas empresas pequeñas en las que el capital para sostenerlas es limitado, la opción de los emprendedores es lucirse con la mayor originalidad. Claro está, además de las razones económicas que contribuyen a la movilidad económica y a la garantía de la libre competencia y mercado. 

Eso lleva a que las opciones que los compradores y usuarios se ajusten a sus necesidades, requisitos y presupuestos. Algo que ha entendido el emprendimiento colombiano es que la competencia no se sustenta en trampear al otro, sino en establecer redes de cooperación, al tiempo que implica retarse con agregados al servicio base de su empresa. Es decir, no basta con crear el negocio, es preciso darle el toque secreto y la innovación para que salga adelante.

La estrategia de innovación

Lo que mantiene nuestra creatividad es la capacidad para el rebusque, también conocido como el ingenio para hacerle el quite al desempleo y salir adelante. Así es como los colombianos emprendedores se valen de pregoneros afuera de los negocios o de los dichos que nos caracterizan para promocionar sus productos.

Para inventar frases también estamos listos: “mire sin compromiso”, “siga que sí hay”, “pregunte por lo que no ve”, “a la orden” son algunas de los muchos enganches que se intentan. Si con la frase pícara no es suficiente, se pasa a la muestra, pruebita o bocado de la comida que se está vendiendo para antojar. 

Otra hazaña de nuestros empresarios es la creación de artefactos que ni siquiera sabíamos que necesitábamos. Es cierto que nos gusta vivir sabroso. También es verdad que la comodidad es una de las búsquedas de nuestro gasto. Así que lo que es creado tiene la garantía de hacer sentir en casa, sin importar que sea para venta interna o para exportación.

La originalidad aquí no tiene límites. Las ventas ambulantes saben que el rebusque precisa un carro engallado. De coches de bebés a parrillas para asado en bicicleta todo es susceptible de ser acondicionado para buscarse la papita. También vienen acondicionados para el clima con parasoles coloridos, impermeables para la lluvia y llantas fuertes para poner a rodar el negocio. Entre más engallado esté el carrito, más garantizado el comercio.

Y, como si fuera poco, si compra colombiano tiene la certeza de que siempre va a encontrar promociones y descuentos, como los de Bogotá Chirriada. Nuestro lema de producción y consumo es que sea bueno, bonito y barato.

Yo compro local

En la ya larga lista de factores diferenciales para comprarle a los colombianos emprendedores se encuentra el interés creciente por el respeto al medioambiente y la biodiversidad. Los negocios emergentes han captado que el cuidado por nuestro territorio es un atractivo de venta, lo que ha llevado a que el desarrollo sustentable sea una de las premisas más rigurosas en los bienes y servicios por ofrecer. Al tiempo, la exuberancia del país ha sido insumo para desarrollar ofertas competitivas en el mercado global. 

En una apuesta mayor por la sostenibilidad, el talento colombiano se ha esmerado en crear marcas con calidades inigualables. Aunque el auge de estas iniciativas es visible en los últimos años, basta conocer los atributos de todo lo producido en estas tierras para saber su duración y sus componentes estéticos. De mochilas a ruanas todo lo que da la materia prima entre selva, llanura, montañas, desiertos y costas no tiene igual, difícilmente otros países comprenden la vastedad de insumos para dotarse de ideas e implementos.

¿Cómo ayudar a los colombianos emprendedores?

La invitación es a que donde sea que vaya diga “compro colombiano”. Le dejamos unas ideas. Siempre que pueda, no pierda la oportunidad de:

  • Pasarse por una feria.
  • Promocionar el sentimiento acogedor de los colombianos berracos en sus comercios.
  • Poner el voz a voz a funcionar con lo que su vecino, familiar o amigo está haciendo.
  • Regalar con amor las bobaditas que producimos.
  • Compartir en redes sociales lo que le gustó del emprendimiento.
  • Dar voces de aliento en momentos de crisis.

La generosidad y la inventiva hace parte de lo que somos. Gracias a nuestro consumo interno impulsamos el talento local, a la vez que abrimos caminos para degustar nuestro territorio. 

Glosario

Berracos [1]

Palabra de origen enlodado. En un principio verraco: marrano reproductor, que a través del uso continuo se ha posicionado como “aguerrido”.

Escritora: Laura Campo

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