Un poco de historia y de reglas del famoso juego de tejo

El juego de tejo, también conocido como el deporte nacional de Colombia, es una tradición de nuestros antepasados; aquí les traemos todos sus datos curiosos.

Entrar a un campo de tejo es toda una experiencia, es encontrarse con una bodega escondida en la ciudad que está localizada en el lugar menos esperado, es tropezar con un ambiente lleno de bulla, es percibir la música que por lo general la controla una rockola y que reproduce música popular y carrilera, es toparse con explosiones, la humareda que estas generan, el olor a pólvora y los deliciosos olores a comida, que por lo general simboliza las tradicionales picadas de gallina y otros platos típicos como huesos de marrano o pelanga. Todos estos elementos conforman una experiencia inigualable, sobre todo si es la primera vez que alguien pone un pie en estos territorios;  el olor a pólvora los recibe de golpe a la entrada y como no hablar del intimidante estallido de la mecha ganadora que aturde los oídos. O del  cuidado que hay que tener con los lanzamientos del tejo, ya que las múltiples canchas pegadas entre sí, disputan la partida al tiempo y los tejos atraviesan el campo de juego ajeno y las invisibles circulaciones. El club de tejo no solo es el lugar de una experiencia única, sino el hogar de la entrañable cultura popular colombiana, explosiva e hilarante.

Indígenas jugando tejo

Comencemos con un poco de historia del tejo

Los orígenes del juego de tejo se remonta hace más de 500 años en Turmequé, Boyacá. Allí se encontraban los muiscas, quienes fueron los precursores de este juego. No cualquier persona podía practicarlo, lo jugaban los caciques, la “gente importante” del pueblo, la gente de alto Turmequé. De allí viene la expresión “de alto turmequé”, que muy bien la describe Andrés Ospina en su Bogotálogo, como alguien o algo “de categoría prominente o clase superior”. Asimismo cuando alguien invita a una partida de turmequé, hace referencia a una partida de tejo; sin embargo y apelando a los muchos nombres que el pueblo le ha conferido al deporte nacional, también se le llama bolo aéreo o juego explosivo

El “tejo” representa tanto el nombre del juego, como el disco metálico y pesado que se lanza durante el juego. Una singularidad de este objeto, es que hoy en día está hecho de acero, pero cuentan que en su origen, los muiscas lo hacían de oro ya que este disco dorado y reluciente, simbolizaba el sol, representaba uno de sus dioses, una figura fundamental para ellos. Asimismo, hacen una veneración al sol ya que, al lanzar el tejo, este hace el mismo movimiento que el sol recorre, nace en el oriente y se oculta en el occidente, es el mismo movimiento parabólico.

Metáfora del tejo con el sol

Existen muchos mitos alrededor del juego de tejo y uno de ellos se basa en que anteriormente el objetivo del juego era insertar el tejo o el disco dorado en un hueco sobre la tierra; pero cuando llegan los españoles e introducen la pólvora, crean las mechas, que son los triángulos de papel rellenos de pólvora y que en contacto con el bocín – anillo de metal en el centro del tablero – explotan al golpe del tejo, dicha explosión también es llamada mecha.

Otro mito de la época, es que cuando llegan los españoles y se enteran de la poligamia de los indígenas – y especificamente de los caciques, quienes podían tener más de una mujer -, expresan su rotundo desacuerdo con semejante ideología que, complementariamente, contradecía todo pensamiento de índole cristiana. Por esta razón los españoles deciden usar el juego de tejo como elemento decisor para convertir a los caciques monógamos; esto lo hacían a través de un concurso entre todas las mujeres de los caciques y la que ganara se quedaba con el cacique.

Y por último, unas reglas básicas del juego al tejo

Primero hay que saber que existe un largo manual del tejo con todo el reglamento detallado y minucioso, que se usa principalmente en los campeonatos. Sin embargo cabe resaltar que estas reglas que daremos a continuación son básicas y pueden cambiar de cancha en cancha, de sector en sector o de familia en familia.

  • Para agarrar el tejo, la parte más ancha del disco debe estar sobre la palma de la mano.
  • La mecha vale 3 puntos.
  • El bocín vale 6 puntos.
  • La moñona vale 9 puntos.
  • Llevarse la mano significa que no hubo ni mecha, ni moñona ni bocín y gana el que lanzó el tejo más cerca al bocín, esto vale 1 punto.
  • Se deciden cuántos chicos se quiere jugar, normalmente cada chico es de 9 puntos.
  • Se puede jugar en equipos o cuando son pocas personas, individualmente.
  • El tablero está compuesto por una cantidad de greda considerable, un bocín en la mitad y sobre este, se acomodan las mechas.
  • En los campeonatos y en los juegos de conocedores, normalmente se acomodan 4 mechas distribuidas sobre el bocín. Pero vemos que en los juegos de principiantes y de extranjeros, ponen de 6 a 10 mechas; claro para que haya una mayor posibilidad de hacer mecha o moñona.
  • La longitud entre las dos canchas es de entre 17 y 20 m, dependiendo si son canchas para principiantes o canchas reglamentarias. Y aunque sean largas, vemos jugadores lanzando desde la mitad de la cancha.

Haciedo mecha en el juego de tejo

Este juego quedó como una tradición hasta nuestros días, hoy el tejo no sólo es un simple juego, es el deporte nacional de Colombia y existe junto con la liga de tejo, importantes campeonatos. No es tan común ver mujeres en el campo de tejo, sin embargo podemos decir que ha habido varias campeonas de este deporte y cada vez son más las seguidoras y entusiastas de este juego.

Para ser bueno en el juego al tejo, no basta con ser fuerte, tener puntería o equilibrio, de tener una cerveza en la otra mano o de hacer el brinquito al final. Es poder manejar la  combinación de todas estas técnicas juntas y lo más importante, crear el propio estilo.

Sólo queda una cosa por decir, y es que juego de tejo sin cerveza, no es tejo. Por esto los dejo con esta maravillosa cita del Bogotálogo:

“Más allá de las exigencias y reglamentos que regulen el tejo, el más inviolable y sacro de sus predicamentos es el consumo copioso de cerveza, obligación ineludible para todos sus cultores”.